Artista

 

La pintura de Manuel Martín Calvo es un torbellino de líneas, manchas que polisémicamente se adosan en un espacio-lienzo, para formar un vacío matérico, y representando la abrumada esencia divina de la forma pictórica de un cuadro. Destaca por su composición, la puesta en escena, la representación maravillosamente encajada en un pentagrama cromático, donde la luz juega su dominante papel, obligando a la sombra en dibujos abstractos que componen la musicalidad del todo. Así es Martín Calvo, un pintor que piensa, y al mismo tiempo se atreve con el acaso poético de la mancha, por eso su arte palpita, muere, nace, renace, remuere y al instante devora y espera.